Pequeños Dragones

Pequeños Dragones

Por Guillermo García Salmorán

Artículo publicado en la revista de artes marciales del “Templo Shaolin México” 

Dragon Ball, Kung-Fu Kid, Power Rangers, Avatar, Mulan, Wendy Wu, Las Aventuras de Jackie-Chan y Kung-Fu Panda son personajes de artes marciales que han invadido la pantalla chica y grande, para deleite de todos los niños que tienen la ilusión del poder, la sabiduría, de jugar a ser líderes y de convertirse algún día en súper estrellas. Muchas personas se iniciaron en las artes marciales gracias a las películas de Bruce Lee, Jackie-Chan o Jet Li para tratar de emular sus habilidades que demuestran en el cine. Pero, ¿quién no soñó con esto y más cuando fue niño? Incluso muchos lo siguen haciendo a pesar de ya no ser unos chiquillos. De niños somos sinceros, dulces y amorosos. Imaginamos o jugamos a mejorar nuestro planeta con nuestros propios inventos. Escogemos a un personaje, que lo hacemos nuestro ídolo, para ir luchar en contra de las injusticias. Sin embargo, un día nos damos cuenta que en realidad no tenemos superpoderes como nuestros héroes, nos volvemos muy extravertidos porque tenemos mucha energía que no podemos controlar. Es entonces cuando nuestros padres buscan que realicemos alguna actividad física, y muchos de ellos eligen a las artes marciales como la disciplina que moldeará nuestras vidas.

La puerta hacia el crecimiento

Es verdad que cualquier deporte -bien enseñado y practicado- proporciona muchos beneficios a los niños, pero las artes marciales les brindan la oportunidad de desarrollar habilidades y destrezas físicas que otra disciplina no les daría. ¿Por qué? Porque el Kung-Fu, Karate, Tae-Kwon-Do u otra técnica marcial les enseña a ser disciplinados, a integrarse a la sociedad, a superar la timidez, los aleja de los vicios, les inculca el respeto a sus maestros, padres y compañeros, en algunos casos también aprenden a defenderse y, lo más importante, se vuelven seres responsables. Cuando un niño se adentra en el mundo de las artes marciales uno de sus mayores desafíos es lograr que se concentre en lo que realiza. Si lo hace mejorará su coordinación, lo cual quiere decir que su mente y cuerpo está trabajando juntos, así de esta manera irá adquiriendo más confianza y su desempeño será mejor. Los pequeños se fascinan con los movimientos que tienen los diferentes estilos, ya que se identifican con el símbolo del héroe invencible y esto hace que su habilidad crezca día con día. Con el tiempo, los padres de los chiquillos se dan cuentan que la práctica marcial empieza a rendir frutos en el desarrollo y comportamiento de sus hijos, pues éstos comienzan a mejorar en la escuela y también adquieren una seguridad personal muy útil para la vida. Sin embargo, los niños necesitan que se les motive constantemente, ya sea por sus padres o sus profesores, porque es normal que cuando encuentren dificultades en su práctica o experimenten una frustración, se desanimen y no quieran volver a entrenar.

Demonios internos

Todos alguna vez en la vida hemos experimentado miedo, odio e ira. Estos “demonios internos” frenan el avance de los niños en su camino marcial, pero es aquí donde el papel del maestro entra en juego. Si el pequeño recibe amor y respeto por parte de sus instructores, eso mismo darán ellos, ya que los ven como una guía y muchas veces hasta como una inspiración, pero cuidado si el maestro los decepciona porque entonces ya no creerán en él y es muy seguro que abandonen la escuela y busquen otros rumbos. Tal vez jamás regresen a entrenar artes marciales. Muchas veces los niños que tienen una baja autoestima no logran los mismos resultados que los que poseen una buena seguridad en sí mismos, debido a que estos últimos –al tener una aptitud positiva– la construyen mediante experiencias de éxito y buena guía marcial y espiritual. Las artes marciales ofrecen a los peques esas pericias, puesto que con el entrenamiento pueden aumentar la confianza. Una vez que el niño siente que su seguridad interna mejora, su esfuerzo en los entrenamientos será mejor y sin reservas. Para que los niños puedan deshacerse de sus “demonios internos” necesitarán la orientación de sus maestros o instructores, pero si éstos no están capacitados para enseñarles el camino correcto o cómo deben luchar contra ellos mismos, lo más seguro es que los infantes se den por vencidos y no vuelvan a practicar ningún arte marcial, y lo peor es que se decepcionarán de sus maestros. A los niños hay enseñarles de forma correcta, guiarlos, darles seguridad, apoyarlos para que de esta manera eliminen para siempre esos monstruos que les impiden seguir adelante. Necesitan una excelente guía en los aspectos mental, físico y espiritual dentro del arte guerrero para que desarrollen todo su potencial. Si al alumno se le trasmite confianza, esto será la fuerza que necesite para que pueda asumir retos que a lo mejor le parezcan imposibles y logre cumplirlos. Para que un niño vaya subiendo de nivel, en el arte que practica, se les debe corregir cada error que pudieran tener y enseñarle que las situaciones en cierta ocasiones parecen difíciles, pero que se deben asumir como parte de la vida para poder crecer. Muchas veces el enemigo a derrotar no está a nuestro alrededor, sino dentro de uno mismo. Si el niño entrena con perseverancia se volverá más fuerte y hábil técnicamente, desarrollará autoconfianza, lo cual le ayudará para que se desenvuelva en sus relaciones personales.

Las formas

El Kung-Fu, más que cualquier otro arte marcial, posee una gran variedad de formas a manos libres y con armas que son muy vistosas para el espectador. Hay rutinas que representan a varios animales, tales como el tigre, el leopardo, la grulla, el mono, la serpiente, el mitológico dragón, la mantis religiosa, además de un borracho (de cuerpo no de mente) y un centenar de imitaciones más. El entrenamiento de las formas proporciona una buena orientación del espacio, equilibrio, fuerza, fortalecimiento de los músculos, concentración y precisión. Algunos profesores utilizan la numeración como ayuda para enseñar de manera correcta estas secuencias a los niños. Cada que cuenta un número, el pequeño debe realizar un movimiento adecuado de la rutina que está aprendiendo. Por lo general, los niños empiezan con rutinas básicas, es decir, que no poseen movimientos difíciles de realizar. De forma gradual, los niños aprenden a hacer mejor su forma, y así sucesivamente hasta que estén listos para las ejecuciones más avanzadas. La mayoría de las veces los niños muestran entusiasmo por aprender las formas, ya que les gusta hacer volteretas y saltos que tal parece les provoca entusiasmo y esfuerzo. De hecho, se ha llegado a crear en ciertos momentos una competencia sana entre los niños y esto es bueno, ya que cada uno intentará esforzarse cada día más para demostrar que es mejor que su compañero. La competencia no es mala, siempre y cuando el maestro o instructor sepa educarlos para que no caigan en disputas que rompan con la armonía de la clase e incluso de la academia. Las formas simulan ataques y defensas contra uno o varios atacantes, y según dicen algunos maestros son la esencia del estilo que se entrena. Al entrenar estos movimientos entrelazados se obtienen beneficios tanto somáticos como psíquicos, además de que proporciona salud mental y veces son buenas para eliminar ciertas enfermedades como una gripe ligera o el asma.

El arma secreta

Mucha gente piensa que los chicos que entrenan artes marciales se vuelven violentos e irrespetuosos, sin embargo, muchas veces son más tranquilos y disciplinados que la mayoría de los niños que no practican ningún deporte. La labor que tienen los maestros que están a cargo de los chiquitines es muy importante y hasta muchas veces transcendental, puesto que no sólo se trata de enseñarles habilidades técnicas para defenderse, o cómo ser buenos competidores para ganar trofeos o medallas, sino crear una base sólida que les ayude a enfrentar la vida de diferentes maneras, a crecer con responsabilidad y fomentar una autodisciplina que les servirá para su conducta diaria. Preocuparse por el desarrollo de los niños y darles afecto, es el arma secreta que todo maestro necesita para ganarse a sus alumnos pequeños. De nada servirá ser el “mejor profesor”, tener varios trofeos, medallas y diplomas o incluso ser campeón de no sé cuánto torneo, si no sabe transmitir el conocimiento con lucidez. Si a un niño se le motiva constantemente y se le corrige sus errores, sin duda apreciará más a su maestro o instructor, porque se dará cuenta que sí le importa su educación y su progreso. Cuando un infante se siente amado o apreciado, su desempeño mejora y por ende los resultados son sobresalientes. Así es, puede ser que en muchas escuelas de artes marciales se encuentren muchos “Pequeños Dragones” quienes dejan su alma en el entrenamiento, porque tienen la ilusión de convertirse en algún héroe de pantalla, otros quizá quieran ganar muchos torneos o llegar algún día a representar a su país en alguna justa internacional. Todo esto es bueno y válido para los pequeñines, puesto que nadie tiene el derecho de borrarles las ilusiones y mucho menos de robarles ese gran sueño, ya que tal vez ésa sea su única fuente de inspiración. No olvidemos que cuando se admira a alguien se suele entrenar mejor, pues el propósito es ser como ese “alguien” a quien tanto se idolatra. Adelante pequeños dragones, los únicos que pueden detener su camino hacia el éxito son ustedes mismos. ¡Querer es poder! Como decía el Pequeño Dragón, Bruce Lee: “Saber no es suficiente, debemos aplicar. Desear no es suficiente, debemos hacer”.

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